jueves, 7 de mayo de 2009

TRIBULACIONES

Mis carnes están enfermas de dolor,
mis huesos musitan su atardecer.
Ojos marchitos de opacidad,
me sesga la luz y el escaso calor.
La palabra necesita enmudecer,
de la boca exhala la soledad.

No he tenido culpa de tu sangre,
ni he comprimido mis venas de fatigas.
Adormecido el pecho y su tesitura,
lo he despertado en sal y vinagre,
en rios duros, piedras y cíenagas,
en tormento, duda y agria amargura.

Mi sangre, es agua de vida,
mis huesos,estructuras de razón,
mi aliento, fuego pristino de pasión.
No he tenido culpa de tu herida,
sordo y mudo calla el corazón,
atrapado y profundo, ingravida prisíon.