sábado, 2 de mayo de 2009

MAÑANAS DE TRISTEZAS...

( Por Taty Cascada )

Hay mañanas de nostalgias y brumas. Mañanas nubladas, grises, con tenues toques de pardos, y ocres tonos incluidos. Hay mañanas de otoño, en que el alma se repliega de hojas abofeteadas, por el viento. Hay mañanas huidizas de estío, que se mimetizan con las piedras de los caminos, con las hierbas pisoteadas de la carretera, o con los árboles desnudos de desafíos.

Hay mañanas, de temores ocultos y sueños perdidos. Mañanas en que el sol se oculta tras la montaña. Mañanas de atroces brisas caústicas, que corroen el alma, impávida ante su presencia. Mañanas de ojos abúlicos y cansados, mañanas de tonos plomizos.

Hay mañanas, en que el otoño se instala en el alma, con su bagaje de intrincados laberintos mentales. Hay mañanas tristes, de pesadumbres adormiladas en el seno de la consciencia. Mañanas, donde el luctuoso rocío matinal se desliza entre las hierbas,como si fuese un beso alado de las nubes grisaceas. Hay mañanas,en que los granos dulzones y maduros de las parras, se desgranan y desmigajan como si fuesen lágrimas que el viento besa y desliza, en las árida boca de tierra firme y generosa.

Hay mañanas que amanecemos pálidos, enjutos,deslavados, ojerozos, comprimidos y oprimidos.Mañanas en que el frío es una ráfaga de tristeza, que hunde su afilados colmillos, en nuestras carnes trémulas y convulsionadas. Hay mañanas delirantes, marchitas y dolorosas. Mañanas de caliz salino y sangroso, porque el brebaje que nos ofrece es oprobioso, arde en el paladar, y lo calcina con su veneno.

Hay mañanas de meláncolicos lamentos, y quejumbrosos clamores del alma. Hay mañanas que el alma se eriza en un delicado y amorfo suspiro, se arremolina y se estremece, al contacto de nuestros gélidos huesos.


Hay mañanas ,en que el dolor estalla como un tormento furioso, se expande por las venas, se desborda en los ojos-que no pueden sentenciar su condena- y se diluye en los surcos que otras lágrimas han obrado.
Hay mañanas, que manan vertientes invisibles de amargura, y surten a nuestros labios ajados, de llantos y embriagadores miedos.