martes, 26 de mayo de 2009

Tu, piedra, roca, rocío
tierra pródiga, espigas de trigo,
dulzones granos de uvas maduras.
y embriagadora copa de vino,
vehemente sueño de ilusiones de fuego,
cauce de aguas claras y puras.

Tú, peñasco firme de mi cantera,
raíz que penetra mi dúctil carne,
capullo de oro, néctar frutoso.
Suave colina, llanura, pradera.
Deja que mi aliento te germine,
y te consuma, en un cálido beso.

Tú, ráfagas de olas salinas,
meces el viento en la bruma.
Inyectas tu voz, en mis días luctuosos,
centellante sabor de algas marinas.
que en la lejanía me regalas tu calma,
enajenado devaneo de mis huesos.

Tú, madera rústica que me condena,
a su cobijo y a su tibieza.
Turbión de hojas otoñales,
hiedra, juncos, caracolas y arena.
Enebro de madera rojiza,
hálito cálido de los cañaverales.

Tú, meloso fruto de la higuera,
lenitivo cierto, de mis heridas.
Brisa fresca que aquieta mi deseo,
sino, que me ata a tu cintura.
Pupila inserta en mi mirada,
rada, que contiene mi devaneo.