lunes, 1 de junio de 2009

TURBÍON DE LLUVIA



( Por Taty Cascada )

Agoniza el sol en el ocaso tardío. La brisa de los años es persistente en el otoño de la vida. Se agitan los sueños lívidos y violáceos, por doquier trastocan las palabras, y la lluvia es más fría en el alma.

Una gota, dos, tres, decenas, centenas, miles, se abalanzan con denuedo y furia en mi ventana. Obsesivo el invierno sienta sus raíces, y sus troncos de maderos. Lenitivo cierto de la metálica tierra, la lluvia se desliza persistente, como un turbión de gotas ensimismadas. Se agolpan ciegas, y se prenden de los saledizos de mi ventana.

Los árboles gimen con sus ramas turbadas, las aves buscan sus nidos, raudas y confusas. ¿ Dónde está el sol?,¿dónde está perdido, el color amarillento de los trigales maduros, el murmullo verdoso de los arbustos, el colorido carmín de las flores silvestres, el júbilo meloso de las colmenas estivales, el sopor de las avispas y el ruido montañoso de los ríos ocultos?.

Llueve, y esas gotas atrapan la tierra, la suavizan ,la besan con labios de plata. Templan con sus dagas platinas toda aspereza,toda confusión, develando a los ojos el misterio de la naturaleza.

Azotadas, húmedas, las anegadas rocas y los delicados guijarros, reciben con avidez y dulzura la caricia placentera de las hojas caídas.

El pecho desnudo de la tierra, absorbe cada gota con la avidez de un sediento. Bebe cada gota destetada de las nubes, con la fiereza de las hembras en celo, sean éstas gotas melosas de los ángeles o tal vez, lágrimas de amantes despreciados.

Se inunda la tierra, parte de su garganta y su cuello son besadas, con las insípidas aguas vertidas. Mientras su vientre fértil, espera por los acuosos abrazos y desenfrenos.

Delirantes y enajenadas, las gotas no cesan de caer, barre el indómito viento, con hojas, semillas, frutos, capullos , ramas, nidos. La ventisca cual fámulo gentil de las nubes, inserta su rabia y desazón.

Se humedecen las paredes de todas las techumbres, el inquieto musgo fructifica, los árboles agotados dejan ver sus raíces, trémula la tierra, absorbe sin pudor sus sabores.

Es un día de lluvia en mi ciudad, y el frío se apodera de mis huesos...