lunes, 13 de abril de 2009

SAUCES Y RECUERDOS DIVERSOS

( Por Taty Cascada )

Sauces que duermen en el agua limpia, y transparente del río y sus azotes de embriagador resplandor. Profundas ramas que lamen sus aguas, entregándose con sacramental devoción. Sauces que dominan el lenguaje de las aguas, saben de sus penas, de sus risas, de sus sueños, de sus primaveras y de sus desafíos. Exponen con delicada dejadez, sus largos brazos que se balancean al viento mecedor, que sucumbe a sus encantos.
Vuela el pájaro hambriento de su nido, en busca del alimento para sus polluelos, que pían al son, de los grillos en la madrugada.

Sauces de troncos sumisos, raíces en busca del agua sagrada.Sauces poderosos y fornidos.

En el río, alegres y juguetones refulgentes peces, guiñan sus ojos en el agua que oculta su juego de juncos y cañas.


Sauces que duermen en el deslinde nítido y claro del río. Siento todavía su frescor, su dulce y verde vientre de compañía.

Como un enjambre de abejas, se precipitan sobre mi los recuerdos. Añoranzas de estío, de sauces sureños, de zarzamoras que hablaban el lenguaje de seres mágicos que habitan en su interior -según los cuentos imaginativos de mi abuela materna-.

Recuerdos de campos abiertos, de planicies bastas y amplias. De trigales maduros, perales, manzanos, grosellas salvajes. Recuerdo de esa tierra que años atrás recorrí con los ojos ávidos de verdor, y de belleza natural.

Pinares y matorrales, y ese olor fecundo de la tierra generosa. El silencio envolvente, quebrado por algún ave que buscaba su sustento, o su nidal en las ramas de los álamos lejanos.

Sacié mi dulzor,devorando de los amarillentos frutos melosos del boldo. Me absorbí embelezada en el colorido de las copihueras que se ocultan entre los árboles y matorrales del bosque sureño. Copihues rojos, blancos, rosados, que se apartaban de la luz, y de la voracidad destructiva de la mano del hombre, y sus pensamientos de metal.

Bebí de las aguas de vertientes primerizas, agua dormida, nativa y fresca, dulce y prohibida. Burlé las enredaderas y su juego en mis cabellos, que en vano intentaban atraparme con sus dedos de hojas sinuosas.


Ribera de ojos múltiples circundaban mi paso, hojas densas, hojas perennes, hojas mustias, hojas nacientes.

Tierra materna, arroyo que gustoso apagaba mi sed. Hiedra que se burlaba de mis pies, porque nunca supe dónde comenzaba su salvaje entretejido.

Olores profundos de pinares y álamos, seducían con su aroma mentolado, metálico y terraqueo.

Sonido de cristales,era el sonido de las hojas que caían en su beso otoñal. Troncos de huellas y nudos nervados por los años. Jugaba a deslizar mis dedos por sus huellas, y a sentir que cada insecto fragmentaba su propio universo, que cada ser caminaba por sus calles de madera.

Sauces que me replegaban por entero a su agonía. Sauces dormidos en mi alma. Sauces que saben de llantos y de penas....Si estuviesen cerca, me podrían enseñar de qué forma se enfrenta el dolor....Sauces y juncos dormidos en las aguas del río materno.

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