jueves, 16 de julio de 2009

REPOSA LA BRISA EN TU ROSTRO...





( Por Taty Cascada)

Reposa la brisa, reposa. En tu amado rostro, fluye enervada y cadenciosa. Como perturbada la tierra me reconforta, con palabras de guijarros, con caricias de barro, con frases de pedruscos oxidados. Gime lastimosa con voz de turbiones y aguaceros vespertinos, arde rabiosa. Sus manos de raíces me trepan la espalda, y me infunden paz...Ésta demencia por tenerte me enloquece, perturba mis horas, y me enardece las sienes.

Baja el llanto...sabe de mis pupilas sedientas de aguas salinas, conoce de mi superficie lastimada por el dolor y condena... ¿Qué debo hacer para replegarlas?, ¿urdir batallas de lágrimas grises contra lágrimas de oro, beber su gusto de mares, y adormecerme con su hechizo, o cortarles su camino con un destello de fingida risa ?.... No, esa no es la respuesta, porque éstas lágrimas cenicientas, son pétalos ajados, sin color, cirros marinos de opacas perlas. Tal vez, tenga que desperdiciar las horas, morder los minutos, los relojes, los secuenciadores y sus gélidos latidos, para desprenderme de la soledad, y de la enloquecedora distancia.


Reposa la brisa, reposa, sobre tu amado rostro reposa. Bajo mis pies, arde la faz de la tierra, musita sonidos taciturnos, luctuosos, quejumbrosos. Adheridas las carnes, las venas y los huesos a mis hombros, difuso el aliento...Tú, estás bajo esa brisa... Yo, musitando tu nombre... Tú, eclipsando el aire ... Yo, entonando murmullos de sueños. Tú, respirando sus aromas ...Yo, esperando por tus ojos...Desiertas mis manos, ateridas de frío, la nieve es tan helada si no me entregas el vaho de tu aliento....La aridez de mi piel, anhela tu frescura, inefables son mis intentos por descifrar mis lamentos. Aspiro el viento, aspiro su fragancia, aspiro su delicadeza...aspiro la brisa.


Pesadumbre de nenúfares, sin agua por vivir. Pesadumbre de álamos sin campos de estío. Pesadumbre de mieses de trigo en verdor, de aves sin vuelo, de flores que no se les permite crecer en los ribazos de septiembre. Pesadumbre de olas, que azotan sin piedad las rocas virginales. Pesadumbre de viñedos, que no atesoran los zarcillos de las vides primerizas. Pesadumbre mía, pesadumbre de ti, anhelos ocultos de ternura, curiosidad secreta por conocer las nervaduras de tus dedos, por atisbar a contraluz tu fisonomía, y por bosquejear a lápiz, la perfección de tus rasgos. Pesadumbre de mis días, de mis atrofiados días, de mis días ajenos a la sincronía de las horas, y que hoy lamen la melancolía de noches largas y opresivas.